Nēma
By Rebeca Martínez
Nēma #05: Se hace camino al andarAug 3, 2026Nēma #04: Érase una vez un bosque...Apr 1, 2026Nēma #03: Este es el típico boletín de otoñoNov 21, 2025Nēma #02: Como es adentro es afueraOct 6, 2025Nēma #01: Señales de humoSep 5, 2025

Nēma #02: Como es adentro es afuera

Oct 6, 2025

 

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Me balanceo entre la acción y la pasividad.

Me está gustando mucho la deriva inicial de esta segunda migración. Me siento canchera, como diría en Buenos Aires para que me entendieran. Me sincero ante todos ustedes: no recuerdo cómo expresaría lo mismo en Caracas, y no me importa; y no me importa que no me importe. Entonces hoy digo: non me ne frega niente, y me encanta.

No es rentable, para el sistema nervioso, mantener a flote cada una de las versiones que hemos sido. Algunas surgirán a la superficie si son necesarias. Otras caen por su propio peso al fondo del océano que llevamos dentro. Las más funcionales, o las que más amamos, flotarán hasta que su tiempo termine.

El océano es infinito.


❝Fictions are not aberrations of reality,

but the very essence of our relationship to it❞.

—Hans Vaihinger


El nudo

que desenredo entre el afuera y mi adentro

¿Cómo es mi casa interior? Es una pregunta que empecé a hacerme después de emigrar.

Mientras viví en Caracas lo tenía muy claro: mi casa interior era mi habitación propiamente dicha. Un escritorio, una biblioteca, una cama, paredes blancas y una ventana a través de la cual entraba la brisa fresca, muy fresca de la montaña; y también la salsa brava del barrio los fines de semana.

Mi casa interior también incluye mis experiencias nocturnas a lo largo de los años.

Cuando era niña, el terror de ir al baño o por un vaso de agua de noche: esa oscuridad llena de vampiros, pero sobre todo de máscaras que de día eran inocentes adornos y de noche adquirían una fuerza que todavía hoy no puedo explicar.

De adolescente me probaba a mí misma, como un inocente ejercicio de memoria: iba desde mi habitación a la cocina y de regreso con los ojos cerrados; conocía cada centímetro y, de alguna manera, este gesto me daba seguridad.

Ya adulta, el balcón era mi pequeño refugio en las noches; ahí leía y miraba la ciudad que, de alguna manera, me atrapaba. No veía las estrellas, pero sí las pequeñas luces de cada casa en los cerros, y soñaba con los orígenes de todo.

Estos recuerdos me acompañaron cuando dejé Caracas y comencé a preguntarme qué pasaba con mi casa interior lejos de allí.

Al hallarme, podría decirse, de un día para el otro, sin casa propia, sin habitación propia, incluso sin cama propia, me sentí sin hogar por primera vez, sin contorno ni seguridad. Si como es adentro es afuera, ¿qué es entonces de mi casa interior? ¿Pensé o me refugié alguna vez en ella? ¿La he atendido, cuidado? Me concentré en (re)descubrirla y en cuidar el hábito de los gestos mínimos ahí afuera, como si fueran las fundaciones de un edificio. Esto me salvó de sentirme sin hogar.

Doblar cuidadosamente el sleeping bag por las mañanas. Hacer las compras un día fijo a la semana. Llenar la casa de pequeños esquejes, ramas y semillas que me regalaban los jardines ajenos.

Reconstruir las paredes y los pisos. Inventar los espacios que faltan. Reorganizar los muebles buscando el sentido de la habitación. Llenar la casa de pequeños frankensteins: muebles armados de otros muebles y fusionados con cosas que no son muebles.

Siempre tener cocina, una cocina llena de especias y llena, llena, llena. Si en esta casa falta algo, eso jamás será comida deliciosa.

Compartir casa. Poner cortinas de colores. Cerrar la puerta. Abrir las ventanas por la mañana y cerrarlas por la noche. Entender los pequeños contratos implícitos en la convivencia.

Finalmente, Vladimir llegó a mi vida, a nuestra vida. En algún momento le daré un espacio a todo lo que este pequeño ser gatuno significa para mí. Il gatto piu bello del mondo.

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Las preguntas "¿a qué te dedicas?, ¿en qué trabajas?, ¿qué haces?" fueron mis mayores temores durante años. ¿Qué podía responder si no lo sabía? El trabajo, la profesión y el oficio solían ser un contorno bastante firme para mí. Al migrar pasó de ser un contorno, una definición a convertirse en un profundo pantano en el cual era cada vez más dificil encontrar un camino de salida. Por suerte, era solo una percepción y no una realidad literal; aunque te tomó un tiempo darme cuenta.

Tanto movimiento me ha dejado atolondrada durante años.

¿Cómo descansar en una casa que no es mi hogar? El sentido de seguridad que brinda un hogar no se encuentra fácilmente. En la vida práctica, esta búsqueda se volvió aún más difícil después de reunir dos recibos de sueldo, un seguro de caución y una garantía propietaria para tener un techo ajeno. Este ritmo frenético de los contratos de alquiler de tres años, de doce meses, tres meses, hace difícil reposar y sentirse seguro.

Ahora reconozco que este transplante que es mudarse de país, de ciudad, de departamento, me ha permitido desarrollar una habilidad asombrosa e inherente de los seres vivos: crear hogar, una y otra vez, y las veces que hagan falta.

Si yo fuera una casa…

¿Cómo serían mis bases, mi forma, mi iluminación y mi próximo proyecto? Tomo inspiración de este texto: If a person was a house.

Este cambio me permite ser, y no contener.

La casa que soy tiene muchos espacios vacíos y paredes blancas. Amaría que no existieran las esquinas, pero existen. Mi casa es de un solo piso, pero intuyo que hay un ático lleno de pájaros que entran y salen sin permiso, y sé que hay un sótano. El piso es suave, cálido, de madera, de tela. El único vidrio de la casa está en las ventanas y los vasos: nada es de vidrio, nada es frío ni de metal. Hay espejos y relojes en cada habitación, porque sin ellos me pierdo.

La cocina es el centro de la casa y emana calor constantemente, como si siempre se estuviera cocinando algo. La luz entra por las ventanas y en las noches pequeñas lámparas iluminan el lugar. Esta casa que soy crece y decrece según el día: a veces es enorme y llena de habitaciones, cada una con su función; a veces es un loft gigante en el que no se diferencian los espacios; a veces es más parecida a una yurta o carpa nómada, donde existe solo lo esencial.

Lo que sé con certeza es que siempre está sobre la tierra: no está sobre otra casa, ni sobre un río, ni sobre un lago, ni en un globo aerostático; está sobre la tierra, para mí. Ahora que me detengo a indagar veo un jardín, un terreno, que he estado buscando durante años y está todo por hacer.


Una imagen: pequeño espacio de lo sagrado

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Hebras sueltas

son enlaces a pequeños callejones con múltiples salidas

audio: yo no necesito de mucho, de Laura Itandehui. Escuché tanto, tanto esta canción al enamorarme hace un par de años. Al recordar aquellos momentos, escucho la clave en el fondo de mi cabeza.

video: how to introduce yourself, es agotador cuando una cambia de piel o de contexto varias veces, peeero parece que existen fórmulas para presentarse y escuchar un tell-me-more del otro lado de la conversación.

pregunta: ¿y si tu fueras una casa?


Gracias por seguir el hilo hasta acá 🧶.

Si tienes un comentario o te gustaría compartir algo, puedes responder a este mail.

Es otra manera de estar en contacto, a otro ritmo y profundidad.

¡Hasta la próxima entrega!


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Nēma* es una correspondencia esporádica y dirigida a personas cercanas ♡.

*Del gr. νῆμα 'hilo', antiguamente se cerraban las cartas con un hilo antes de sellarlas.

Nēma

Nēma #02: Como es adentro es afuera

Oct 6, 2025

 

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Me balanceo entre la acción y la pasividad.

Me está gustando mucho la deriva inicial de esta segunda migración. Me siento canchera, como diría en Buenos Aires para que me entendieran. Me sincero ante todos ustedes: no recuerdo cómo expresaría lo mismo en Caracas, y no me importa; y no me importa que no me importe. Entonces hoy digo: non me ne frega niente, y me encanta.

No es rentable, para el sistema nervioso, mantener a flote cada una de las versiones que hemos sido. Algunas surgirán a la superficie si son necesarias. Otras caen por su propio peso al fondo del océano que llevamos dentro. Las más funcionales, o las que más amamos, flotarán hasta que su tiempo termine.

El océano es infinito.


❝Fictions are not aberrations of reality,

but the very essence of our relationship to it❞.

—Hans Vaihinger


El nudo

que desenredo entre el afuera y mi adentro

¿Cómo es mi casa interior? Es una pregunta que empecé a hacerme después de emigrar.

Mientras viví en Caracas lo tenía muy claro: mi casa interior era mi habitación propiamente dicha. Un escritorio, una biblioteca, una cama, paredes blancas y una ventana a través de la cual entraba la brisa fresca, muy fresca de la montaña; y también la salsa brava del barrio los fines de semana.

Mi casa interior también incluye mis experiencias nocturnas a lo largo de los años.

Cuando era niña, el terror de ir al baño o por un vaso de agua de noche: esa oscuridad llena de vampiros, pero sobre todo de máscaras que de día eran inocentes adornos y de noche adquirían una fuerza que todavía hoy no puedo explicar.

De adolescente me probaba a mí misma, como un inocente ejercicio de memoria: iba desde mi habitación a la cocina y de regreso con los ojos cerrados; conocía cada centímetro y, de alguna manera, este gesto me daba seguridad.

Ya adulta, el balcón era mi pequeño refugio en las noches; ahí leía y miraba la ciudad que, de alguna manera, me atrapaba. No veía las estrellas, pero sí las pequeñas luces de cada casa en los cerros, y soñaba con los orígenes de todo.

Estos recuerdos me acompañaron cuando dejé Caracas y comencé a preguntarme qué pasaba con mi casa interior lejos de allí.

Al hallarme, podría decirse, de un día para el otro, sin casa propia, sin habitación propia, incluso sin cama propia, me sentí sin hogar por primera vez, sin contorno ni seguridad. Si como es adentro es afuera, ¿qué es entonces de mi casa interior? ¿Pensé o me refugié alguna vez en ella? ¿La he atendido, cuidado? Me concentré en (re)descubrirla y en cuidar el hábito de los gestos mínimos ahí afuera, como si fueran las fundaciones de un edificio. Esto me salvó de sentirme sin hogar.

Doblar cuidadosamente el sleeping bag por las mañanas. Hacer las compras un día fijo a la semana. Llenar la casa de pequeños esquejes, ramas y semillas que me regalaban los jardines ajenos.

Reconstruir las paredes y los pisos. Inventar los espacios que faltan. Reorganizar los muebles buscando el sentido de la habitación. Llenar la casa de pequeños frankensteins: muebles armados de otros muebles y fusionados con cosas que no son muebles.

Siempre tener cocina, una cocina llena de especias y llena, llena, llena. Si en esta casa falta algo, eso jamás será comida deliciosa.

Compartir casa. Poner cortinas de colores. Cerrar la puerta. Abrir las ventanas por la mañana y cerrarlas por la noche. Entender los pequeños contratos implícitos en la convivencia.

Finalmente, Vladimir llegó a mi vida, a nuestra vida. En algún momento le daré un espacio a todo lo que este pequeño ser gatuno significa para mí. Il gatto piu bello del mondo.

Image

Las preguntas "¿a qué te dedicas?, ¿en qué trabajas?, ¿qué haces?" fueron mis mayores temores durante años. ¿Qué podía responder si no lo sabía? El trabajo, la profesión y el oficio solían ser un contorno bastante firme para mí. Al migrar pasó de ser un contorno, una definición a convertirse en un profundo pantano en el cual era cada vez más dificil encontrar un camino de salida. Por suerte, era solo una percepción y no una realidad literal; aunque te tomó un tiempo darme cuenta.

Tanto movimiento me ha dejado atolondrada durante años.

¿Cómo descansar en una casa que no es mi hogar? El sentido de seguridad que brinda un hogar no se encuentra fácilmente. En la vida práctica, esta búsqueda se volvió aún más difícil después de reunir dos recibos de sueldo, un seguro de caución y una garantía propietaria para tener un techo ajeno. Este ritmo frenético de los contratos de alquiler de tres años, de doce meses, tres meses, hace difícil reposar y sentirse seguro.

Ahora reconozco que este transplante que es mudarse de país, de ciudad, de departamento, me ha permitido desarrollar una habilidad asombrosa e inherente de los seres vivos: crear hogar, una y otra vez, y las veces que hagan falta.

Si yo fuera una casa…

¿Cómo serían mis bases, mi forma, mi iluminación y mi próximo proyecto? Tomo inspiración de este texto: If a person was a house.

Este cambio me permite ser, y no contener.

La casa que soy tiene muchos espacios vacíos y paredes blancas. Amaría que no existieran las esquinas, pero existen. Mi casa es de un solo piso, pero intuyo que hay un ático lleno de pájaros que entran y salen sin permiso, y sé que hay un sótano. El piso es suave, cálido, de madera, de tela. El único vidrio de la casa está en las ventanas y los vasos: nada es de vidrio, nada es frío ni de metal. Hay espejos y relojes en cada habitación, porque sin ellos me pierdo.

La cocina es el centro de la casa y emana calor constantemente, como si siempre se estuviera cocinando algo. La luz entra por las ventanas y en las noches pequeñas lámparas iluminan el lugar. Esta casa que soy crece y decrece según el día: a veces es enorme y llena de habitaciones, cada una con su función; a veces es un loft gigante en el que no se diferencian los espacios; a veces es más parecida a una yurta o carpa nómada, donde existe solo lo esencial.

Lo que sé con certeza es que siempre está sobre la tierra: no está sobre otra casa, ni sobre un río, ni sobre un lago, ni en un globo aerostático; está sobre la tierra, para mí. Ahora que me detengo a indagar veo un jardín, un terreno, que he estado buscando durante años y está todo por hacer.


Una imagen: pequeño espacio de lo sagrado

Image

Hebras sueltas

son enlaces a pequeños callejones con múltiples salidas

audio: yo no necesito de mucho, de Laura Itandehui. Escuché tanto, tanto esta canción al enamorarme hace un par de años. Al recordar aquellos momentos, escucho la clave en el fondo de mi cabeza.

video: how to introduce yourself, es agotador cuando una cambia de piel o de contexto varias veces, peeero parece que existen fórmulas para presentarse y escuchar un tell-me-more del otro lado de la conversación.

pregunta: ¿y si tu fueras una casa?


Gracias por seguir el hilo hasta acá 🧶.

Si tienes un comentario o te gustaría compartir algo, puedes responder a este mail.

Es otra manera de estar en contacto, a otro ritmo y profundidad.

¡Hasta la próxima entrega!


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Nēma* es una correspondencia esporádica y dirigida a personas cercanas ♡.

*Del gr. νῆμα 'hilo', antiguamente se cerraban las cartas con un hilo antes de sellarlas.